Origen del supermercado II

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Ver Parte I

En este post continuamos con la historia del emprendedor Saunders y sobre su vertiginosa historia de emprendimiento.

Visión y resilencia.

Sin embargo no todo funcionó como Clarence hubiera deseado, ya que cerca del año 1922 Piggly Wiggly comenzó a cotizar en la bolsa de Wall Street, lo que ocasionó que poco a poco fuera perdiendo los derechos de su compañía e inventos, hasta que finalmente fue echado de su propia compañía lo que junto a algunas malas decisiones le ocasionó una gran pérdida que le obligo a declararse en bancarrota en 1923.

Pero lejos de renunciar a su proyecto fundó en 1928 «Clarence Saunders Sole Owner of My Name Stores», una cadena de tiendas que llevaban su nombre para evitar que le pasará lo mismo que con Piggly Wiggly. En 1920 llegó a tener 675 tiendas y una facturación de 60 millones de dólares, pero en 1930 llegó la gran depresión y la nueva cadena no sobrevivió a la espiral descendente de la economía. Se declaró en bancarrota en 1930.

Aún así, Clarence nunca abandonó sus sueños … ¡solo evolucionaron!
Durante la segunda Guerra Mundial se dedicó a vender juguetes de madera para sobrevivir, sin dejar de desarrollar nuevas ideas para crear un nuevo formato de tiendas. En 1939 diseñó y construyó ‘Keedoozle’ (de «Key Does All»), que consistía en un almacén automatizado basado en los principios de la cadena de suministro y de donde surgió la idea de las máquinas expendedoras.

Keedoozle era una tienda automatizada, los productos estaban colocados de forma individual dentro de una vitrina de cristal y cada uno tenía un orificio que servía para que los clientes usaran una especie de llave con un botón que contenía un rollo de papel, el cliente tras seleccionar el producto que le interesaba pulsaba el botón tantas veces como cantidades deseará, acción que quedaba registrada mediante perforaciones en el rollo de papel que se entregaba al final de la vitrina, con el que pasaban a la caja a pagar. Los productos llegaban a la caja mediante una cinta transportadora ya empaquetados y listos para llevárselos a casa.

Era una estupenda idea ya que que reducía el espacio de exposición y por tanto del recorrido del cliente, además eliminaba carros, cestas, peso. El cliente entraba, seleccionaba, pagaba y recibía.

Las tiendas tenían algunos fallos técnicos que llevaron a cerrar y abrir en varias ocasiones. Solamente se franquiciaron 12 tiendas, por lo que en 1949 Keedoozle tuvo que cerrar de forma permanente, ya que los gastos operativos y de mantenimiento eran muy elevados.

En el almacén tras las máquinas había un empleado reponiendo las mercancías.

Me recuerda un poco a esta escena  de la película ‘Suave como el visón’ de 1962. La cual llama la atención por el peculiar sistema de menús en la cafetería.

Pero Clarence albergaba una resilencia increíble, tenía muy claro su objetivo y a inicios de 1953 presentó un nuevo concepto: ‘Foodelectric’, tienda que apuntaba a ser la primera tienda de autoservicio completamente automatizada y que como novedad incorporaría el ‘autopago’, por lo que sólo requeriría ocho empleados y tendría la capacidad de manejar operaciones diarias por un volumen de 2 millones de dólares.

El concepto de Foodelectric se basaba en algo que denominaban ‘ordenador portátil’ que se prestaba a todos los clientes en la entrada, dicho ordenador era como una pistola lectora de códigos de barras con la que el cliente apuntaba al objeto de los estantes para que estos se fueran acumulando a su salida, mientras al mismo tiempo se iba capturando el total del cuenta, con esto el cliente llegaba al final ya sabiendo el total de lo que debía pagar por lo que no se necesitaba una personas que registrara cada uno de los objetos.

Foodelectric estaría ubicada a sólo dos calles del primer Piggly Wiggly, pero lamentablemente Saunders fallecería el 23 de septiembre de 1953 y su más grande proyecto nunca vería la luz. Una pena para alguien que fue considerado un visionario adelantado a su época, o al menos, a la tecnología de su época.

Su historia  muestra que no hay que tener miedo a cambiar un sector de arriba abajo si es necesario para hacerlo mejorar y avanzar. Cuando el empezó lo hizo sin dinero y sin respaldo, guiado por la convicción de que ‘las cosas en este sector’ podían mejorar en eficiencia al realizarse de forma diferente.

¿Suena complicado? Si tienes una idea que consideras que puede marcar una diferencia ¿Por qué no intentarlo?

El primer supermercado de estas características llego a Valencia de la mano de la cadena Superette en 1959.

Reseña del periódico Provincias lo anotó en la reseña i-naugural: “En los artículos comprobamos sin duda que existe una ventaja de precios. Lo hemos observado personalmente. Pero hay otros aspectos tanto o más importantes: la independencia con que se mueve el público, la comodidad, la certeza de que se adquiere lo que realmente se quiere, las condiciones higiénicas con que están presentados los artículos, la rapidez de la compra o la variedad de productos en un mismo establecimiento”, decía el periódico.

 “Los que están suficientemente locos para pensar que pueden cambiar el mundo, son los que lo hacen”  (Steve Jobs).

Y en pleno siglo XXI :

¿cómo se ve el futuro de los supermercados?

Tras este breve repaso al pasado, veamos cómo se plantea el futuro de los supermercados  en este siglo XXI…

Mejor dejamos la innovación actual  para otro artículo que ya os adelantamos que es un tema apasionante.

 

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