El Efecto Pigmalion y Galatea: el poder de las expectativas propias y ajenas

El Efecto Pigmalion y Galatea: el poder de las expectativas propias y ajenas


’La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir’’ -Carl Jung-

‘Una vida sin examen no merece ser vivida’ –Sócrates-

 

 

En su obra ‘Metamorfosis’, Ovidio recrea el mito de Pigmalion y Galatea. Esta leyenda habla de un Rey de Creta y apasionado escultor que buscó durante años una mujer para contraer matrimonio, con una única condición: debía ser la mujer perfecta. Al no encontrarla, modeló una estatua de marfil que la recreara y fue tan bella que se enamoró perdidamente de ella. Tal era su anhelo hacia la estatua que rogó a los dioses para que la escultura cobrara vida y poder amarla como a una mujer real. Venus, al ver la profundidad de su deseo, decidió complacer al escultor y darle vida, convirtiéndose en su amante y compañera.

 

Del lat. exspectātum ‘mirado, visto’, la RAE define la palabra ‘expectativa’ como esperanza de realizar o conseguir algo / posibilidad razonable de que algo suceda.

El efecto Pigmalión (principio de actuación a partir de las expectativas de los demás) está basado en dicho mito. Más o menos viene a decir que la confianza (expectativas) que los demás tengan sobre nosotros puede darnos la energía/motivación para lograr cualquier cosa. Las profecías tienden a realizarse cuando existe un fuerte deseo que las impulsa.

El Efecto Pigmalión es el proceso mediante el cual las creencias y expectativas de una persona respecto a otra afectan de tal manera a su conducta que el segundo tiende a confirmarlas.

Uno de los estudios de psicología clásicos que comprobaron este efecto en el ámbito académico es el estudio de Robert Rosenthal y Lenore Jacobson en una escuela de California. Pasaron pruebas de un test que medía el coeficiente intelectual de los niños y niñas de la escuela. Después, dijeron a sus maestros y maestras que el test revelaba de forma muy certera que niñ@s a final de curso iban a destacar y tener grandes mejoras académicas y eligieron por azar a dichos alumn@s (no por los resultados del test). Al finalizar el curso, los resultados obtenidos comprobaron que efectivamente los niños y niñas que habían sido seleccionados habían incrementado su rendimiento académico y su coeficiente intelectual de forma muy notable en comparación con los no seleccionados.

‘’Si tratas a una persona no como lo que es, sino como lo que podría llegar a ser, probablemente esa persona mejorará más favorecido por ese efecto’’ El Efecto Pigmalión por Rosenthal y Jacobson ,1968.

 

 

El efecto Pigmalion está presente en nuestra vida cotidiana.

Hablamos de la cualidad de influir en las personas en función de lo que esperamos de ellas (profecía autocumplida): si se espera de una persona que se comporte de una determinada manera y se la trata en consecuencia, la persona terminará comportándose de dicha forma.

En el ámbito laboral y empresarial este efecto es especialmente importante para el funcionamiento óptimo de equipos de trabajo y relaciones positivas entre empleados y compañeros.

Es importante fomentar relaciones humanas maduras y responsables en el trabajo, basadas en el respeto, la confianza, la transparencia y el compromiso. Hay que actuar para facilitar a los demás que den lo mejor de sí mismos, algo que te sale de natural cuando tú haces lo propio. Si no eres capaz de pensar bien de alguien al menos mantente neutro pero los pensamientos negativos sobre alguien o algo solo obstaculizan el flujo de las cosas en cualquier espacio.

Esperar lo peor, tener expectativas negativas, prejuicios (efecto Halo), etc. no ayuda a nada ni a nadie, en ninguna situación.

 

¿Quién no ha pasado por un trabajo donde las relaciones entre compañeros y entre jefes y trabajadores estaban viciadas y oxidadas sin esperanza de cambio alguno debido al lastre de años acumulado? Cuando se ‘etiqueta’ a una persona se la aprisiona y se le dificulta e incluso impide la capacidad y el derecho a cambiar, a evolucionar, a actuar según el momento y la situación. Nuestras expectativas sobre ella actuan como una jaula.

 

De este mito también surge el Efecto Galatea el cual plantea que cuanto más convencidos estemos de nuestra capacidad para alcanzar una meta, más probable será que la logremos. Lo interesante de esta conducta es que opera a nivel interno y externo: es decir, que se proyecta a otros. Si estamos convencidos de que somos capaces, es más probable que alimentemos esa actitud en los demás y viceversa.

La ciencia actual (ciencia cuántica) sugiere la existencia de muchos futuros posibles para cada momento de nuestra vida. Cada futuro se encuentra en un estado latente hasta que lo despertamos gracias a las elecciones que realizamos en el presente.

Con todo lo visto podemos decir que cuantas más personas pongan su atención en una realidad concreta más posibilidades de que se materialice existen. Si creemos firmemente que algo ocurrirá, hay muchas posibilidades de que ocurra.

La depresión de 1929 es un ejemplo de ello a gran escala mundial.

 

 

El efecto Pygmalión se ha tratado en cine y literatura en innumerables ocasiones y desde distintos enfoques (¿recuerdas a Pinocho?).

De entre todas las películas o historias que tratan de alguna forma el ‘Efecto Pigmalion’ la que más me gusta es ‘My Fair Lady’, versión de la obra de teatro de 1913, Pigmalión, de George Bernard Shaw. Y me gusta porque veo reflejada en dicha historia mi propia historia y la de cualquier persona que decide seguir el camino del desarrollo y la superación personal.

Toda persona alberga en su interior la capacidad de superarse a sí misma a través del autoconocimiento y el desarrollo de sus capacidades personales. Gandhi dijo que no habría paz en el mundo mientras la persona no alcanzase un nivel de autocontrol e integración interior que permitiese la soberanía basada en la autoridad moral. Ghandi apuntaba a la excelencia humana conseguida a través del auto-perfeccionamiento.

 Uno de los retos por los que toda persona que inicia este camino pasa es aprender a ‘zafarse’ de las expectativas de los demás.

Todos empezamos como ‘la florista’ ruda, desgarbada y analfabeta y podemos llegar a ser como ‘una dama’ refinada y educada (metafóricamente hablando). Aunque, en mi opinión, ese sólo es el primer nivel y que una vez empiezas puedes llegar tan lejos como tu motivación y constancia logren llevarte. En cuanto te adentras en la práctica de la vida consciente ya no hay vuelta atrás. Ya nada es igual.

El ser humano está destinado a alcanzar un nivel de consciencia superior que aún no puede vislumbrar la mayoría pero que sí han podido algunos visionarios y adelantados a nuestro tiempo

Comparto este innovador texto como muestra de que hay personas que ya están en el camino y que otras nos precedieron en épocas anteriores (todas porque así lo eligieron).

 

Conclusión:

Presta atención a tus expectativas sobre ti mismo, sobre cualquier aspecto de tu vida y presta atención a las expectativas que tengas sobre los demás (cuidar tu forma de hablar es un paso importante) . Es tu responsabilidad influir y tener el impacto más positivo posible a tu paso por el mundo y la vida de cualquier ser humano.

“Tanto si crees que puedes como si no, tienes razón” (Henry Ford) … así que ¡elige!

 

Una persona muy sabia que conozco dice  ‘Todas las batallas se ganan inicialmente en tu mente. O se pierden. Cuando sales fuera el resultado ya está decidido’